Chapter 2

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Algo respira en la oscuridadBy Cyang&Papaya
Horror
Updated Apr 22, 2026

Cap 02–Ryan

"Ryan...".

"Ryan...".

"Ryan".

«Agh... ¿Qué? ¿No ves que estoy durmiendo, mamá?».

"¡Ryan!"

La negrura en la mente de Ryan se desvaneció al instante, cuando se puso de pie y golpeó con las manos una superficie firme en la cual había recostado la cabeza.

«¡¿Qué?!», miró a su alrededor confundido, mientras los efectos de la somnolencia que aún nublaban su mente se desvanecían poco a poco.

—Joven Ryan, ¿podría explicarme por qué se ha quedado dormido en mi clase por cuarta vez en este mes? —preguntó una voz con tono autoritario.

¿Clase? ¿Sueño? ¿Escuela?

«¡Me quedé dormido en la escuela!».

Ryan miró en todas direcciones aturdido, hasta que sus ojos finalmente se acostumbraron a la irritante luz solar con tenues tonos naranjas que se filtraban por los ventanales.

Todos en el salón de clases tenían puestas sus miradas en el chico que acababa de despertarse de un plácido y profundo sueño. El repentino foco de atención iba acompañado de miradas furtivas y mejillas hinchadas debido a las risas contenidas.

Frente a la primera fila de pupitres estaba la profesora: una mujer de aspecto cansado y ojos llenos de bolsas oscuras y arrugas, así como un aliento rancio a café y un carácter que le hacía temblar los dedos involuntariamente, y a otros les hacía helar la sangre. Ryan no fue la excepción.

—Orientación —señaló con su dedo tembloroso la puerta de madera corrediza—. ¡Ahora!

El estruendoso y contundente grito estremeció a Ryan, quien se apresuró a tomar sus cosas para salir del salón en largas zancadas. Cuando cerró la puerta corrediza a sus espaldas, con la madera rasgando el marco, el salón estalló en carcajadas vehementes, al igual que los gritos de la profesora intentando silenciar el bullicio.

Se dirigió hacia el salón especial de orientación, mientras que su mente —ahora más tranquila— seguía repasando los acontecimientos. Se había dormido, otra vez. No era por falta de atención y tampoco es que estuviera durmiendo poco en su casa; llegado a cierto punto, su cabeza ya no podía aguantar las ganas de descansar. Solo recostaba la cabeza en la mesa por unos minutos y al siguiente momento se estaba despertando dos horas después. Era incontrolable. Cualquiera pensaría que se debía a un problema de salud, pero una parte de su confiado ser le decía que era inverosímil atribuir un poco de sueño a un problema en su salud.

Por ello, simplemente se encogió de hombros y se limitó a disfrutar el relajante sonido seco que producían sus pasos al caminar. Era un taconeo suave contra la madera, muy satisfactorio a nivel auditivo.

Al llegar al salón especial de orientación estudiantil y abrir la puerta corrediza, fue recibido por un silencio ensordecedor. La habitación estaba tan desolada que se podía percibir un abrumador e inquietante sentimiento que pesaba en los hombros de tal forma que al instante rompió su postura relajada.

Ahí, en un escritorio frente a todas esas filas de pupitres vacías, estaba sentada Yuromi, una licenciada en pedagogía y psicología, la cual desempeñaba un rol de coordinación y orientación en el instituto, pero por cariño le llamaban "profesora". Era una mujer de aspecto joven, con lentes redondos que le daban un aire de sabiduría y serenidad, pero también una calma que te hacía sentir su aura estricta, la cual pesaba más que cualquier grito severo.

El aire que se filtraba a través de los ventanales no solo dejó entrar una frescura que rompió el ambiente opresivo dentro del aula, sino que también ondeó las cortinas blancas que cubrían las ventanas, creando un hermoso y fluctuante movimiento de olas a la par del viento.

Ryan entró en la habitación y deslizó la puerta corrediza, rompiendo abruptamente este ambiente tranquilo que se había creado de forma orgánica a partir del silencio.

—Mi maestra favorita —declaró en voz alta con intención—. Y no es de menos. ¿Qué hace una belleza tundra como usted perdiendo el tiempo en un lugar tan solitario? ¿Leyendo?

Ladeó la cabeza para husmear en el objeto debajo del escritorio que atraía la atención de la profesora. Pero ella rápidamente lo escondió en uno de los cajones, cerrándolo con fuerza.

—Señor Belen, lo que yo haga o no en mi tiempo libre no es de su incumbencia —confirmó tajantemente.

Ryan dejó caer los hombros fingiendo estar desanimado y se acercó al escritorio para sentarse en una silla que ya llevaba su nombre, en un sentido figurado.

—¿Se enojó conmigo? ¿Su querido alumno? —Ryan se tocó el pecho y, de forma dramática, hizo un espectacular gesto de dolor—. ¡Qué pesar! ¿Cómo es posible que mis desagradables actos me hayan ganado su desprecio? No puedo vivir sabiendo que mi persona favorita en el mundo me odia.

Apuntó lejos con el dedo, señalando el horizonte mientras arrastraba su mano por el aire.

—Por favor, no lo digas —dijo la profesora con un tono aburrido, acostumbrada al dramatismo ocurrente del joven.

—Entonces atentaré contra mi propia vida... —hizo una pausa y se tocó la frente con fingido dolor. Luego reclinó la cabeza—. Tal vez en el más allá sepa perdonar a esta desgraciada alma.

—¿Terminaste? —espetó la profesora mientras se cruzaba de brazos.

Ryan la apuntó con ambos dedos haciendo un gesto galante mientras guiñaba el ojo —hasta que casi le sale una chispa del rabillo— y lo complementó con una grandiosa sonrisa altiva.

—¿Qué tal? Debería apuntarme al club de drama, ¿no?

—A un psicólogo deberías apuntarte. Atento, Ryan, que no voy en bromas esta vez —la firmeza en su voz destilaba seriedad.

Y así pasó una aburrida hora para Ryan. No solo hubo regaños por parte de Yuromi, sino que también hubo un largo y tedioso monólogo sobre la ética social que partía desde la ética escolar, en donde se formaba a la persona y, por ende, a la sociedad. También hubo una serie de reprimendas respecto a su atuendo descuidado, citando varias veces las normas de vestimenta escolares, de tal manera que inclusive le hizo copiarlas al menos siete veces en su cuaderno. Y para acabar, su favorita entre todas: "¿Acaso la escuela es tu casa? ¿O por qué te la pasas durmiendo en los escritorios como si fueran camas?". Yuromi tenía sus etapas, y esta vez le tocó aquella que rompió por completo su temple sereno.

—¿Hasta cuándo me vas a torturar? —Ryan quería arrancarse el cabello con los dedos.

—¿Qué esperabas, niño? ¿A la amable maestra que te dejaba pasar todas tus desfachateces sin más preámbulos? —estaba tan molesta que incluso pareciera que una vena estaba resaltando en su nuca—. Lo lamento por tu madre, pero todo lugar tiene su límite, y tú ya acabaste con mi paciencia.

—Al menos dame un descanso.

Ryan volvió a reclinar la cabeza para mirar hacia el techo y, una vez más, puso su mano en su frente, como si de un momento trágico se tratase.

—¿Hasta cuándo seguirás con lo mismo, Ryan? Solo mírate —lo señaló con su mano de forma despectiva—. Eras un estudiante ejemplar. Las mejores notas, el mejor desempeño, eras aplicado e inteligente, pero ahora derrochas tu potencial para andar de vago. Sacas las notas suficientes para mantenerte en el promedio, pero a veces ni siquiera eso intentas.

—Solo estoy cansado, eso es todo.

—¿Estás cansado? ¿Cansado? —Yuromi colocó su mano en su frente—. Dios mío, lo que tengo que escuchar. Solo quieres una excusa para no tener que hacer nada. ¿De verdad piensas llegar a algún lado con esa falta de ambición? ¿O ya te has resignado a la mediocridad? Tendré que hablar con tu madre, no puedo dejar que te sigas destruyendo de esta manera.

Ryan extendió sus manos hacia adelante, queriendo detenerla, aunque Yuromi no había hecho ningún intento de levantarse.

—Espera, espera, espera. No hay necesidad de involucrar a mi madre —dibujó en sus labios una sonrisa crispada—. Ya está muy cansada con todo esto que está ocurriendo con mi hermano. No quiero preocuparla más.

Yuromi pareció sentirse conmovida por unos instantes, pero luego volvió a disfrazar esa emoción con una máscara de actitud severa.

—Entonces eso es lo que ocurre. Escucha, debes seguir con tu vida, porque solo tú y so- —hizo una pausa para retractarse de un error minucioso—. Bueno, quise decir, solo tú y yo deberíamos preocuparnos por tu futuro. Hagamos esto: no le diré a tu madre, pero en cambio espero una mejora en tu actitud. Quiero buenas calificaciones y que tus profesores se caigan en elogios.

Una pequeña sonrisa se escapó de sus labios, como si por un momento hubiera rememorado momentos del pasado. Después de eso, su mirada severa y penetrante se fue diluyendo poco a poco.

—Te enviaré algo de material de estudio para tu examen de admisión. Esto va en serio. No puedes perder tu oportunidad de entrar a una buena universidad; que es lo que te mereces. Por seguir con tu procrastinación —imitó su gesto grandilocuente y lo apuntó con el dedo de forma espectacular mientras le guiñaba el ojo—. Yo me encargaré de encarrilarte.

Luego juntó sus manos en un puño y miró hacia el techo con ilusión en sus ojos ahora expresivos.

—En un futuro dirás: "gracias por ponerme en el buen camino, tía". Y yo diré: "de nada, es mi trabajo".

—No es nada divertido cuando lo haces tú.

—¿Qué te-?

Su reclamo fue interrumpido por el timbre que indicaba la hora de salida.

—¿Tienes responsabilidades extracurriculares? —preguntó Yuromi.

—Nop.

—¿Acaso no estabas en el club de atletismo?

—Tú lo has dicho: "estaba".

—¿Por qué?

—Motivos personales —Ryan se encogió de hombros buscando restarle importancia.

Yuromi se frotó los ojos de manera frustrada. Luego apoyó los codos en el escritorio y afianzó el mentón sobre sus dedos entrelazados, con la suave luz vespertina del atardecer iluminando el costado de sus rostros, acentuando el enfrentamiento de miradas.

—No increparé más al respecto. Vamos, lárgate, no te quiero ver la cara.

Ryan se levantó con una gran sonrisa en sus labios, estaba en parte satisfecha y en parte también era burlona. Luego se encaminó hacia la salida mientras agitaba la mano en un gesto de despedida, diciendo: «Nos vemos luego, tía».

Al cerrar la puerta detrás de él, su sonrisa llena de suficiencia se borró al instante. Metió las manos en sus bolsillos, buscando algo hasta que... ¡Eureka! Sacó su teléfono último modelo. No, no era un consentido de papá y mamá; lo había ganado con sudor y lágrimas, tal y como le enseñó su hermano. Por ello, ese teléfono móvil tenía un valor sentimental indescriptible. Rara vez lo sacaba de su casa, ya que temía ser hurtado otra vez.

«¡Malditos ladrones!».

Pero esta vez era diferente, ahora estaba sacando a relucir su teléfono. No por presunción o confianza, sino porque llevaba días esperando algo.

Un mensaje.

La luz fría de la pantalla iluminó su cara. Ansioso, entró a su aplicación de chats, y ahí buscó el contacto registrado como Hermano mayor, sin foto. Al entrar en el chat, su mirada decayó en desánimo. Cinco mensajes, cinco mensajes con una diferencia de dos días cada uno, ninguno visto por parte de su hermano.

Murmuró para sí mismo:

«Agh... ¿Qué rayos estás haciendo?».

—¿Vas a llorar?

Los ojos de Ryan se abrieron de golpe. Guardó su teléfono rápidamente y luego comenzó a buscar la fuente de esa voz: en un pasillo, no había nadie; el otro, tampoco. Hasta que bajó la mirada y vio ahí, en cuclillas apoyado contra la pared, a un chico de aspecto bastante rebelde, cabello amarillo teñido semi decolorado con aspecto desenfrenado, y una cara llena de piercing: uno en el labio y luego dos en cada oreja. Es el tipo de persona irresistible para las mujeres, sin ninguna duda.

—¿Qué carajos acabas de decir? —su voz bajó a un tono grave y amenazante—. Si le dices a alguien lo que acabas de ver, te encontraré y te daré una paliza.

El chico dio tregua e hizo un gesto de "calma" con ambas manos para apaciguarlo. Aunque detrás de esa actitud nada conflictiva se escondía una sonrisa burlona.

—No te preocupes, bella durmiente.

—¿Ya te llegó el chismorreo tan rápido? Eres un catalizador, Andrey.

Andrey rompió en risas, retorciéndose mientras se agarraba la barriga para intentar contenerse. Y musitó con la voz ronca por las carcajadas: —"Vamos, amigo, eso de decirle 'mamá' a la profesora fue lo mejor que he oído en años".

—Ja, ja, ja —Ryan reía sin gracia y rodaba los ojos exasperado—. Eres muy gracioso.

—Gracias, me esfuerzo mucho.

Ambos admitían sus disgustos disfrazados con sarcasmo. Luego Ryan le extendió la mano a Andrey para ayudarlo a levantarse.

Ambos caminaron uno al lado del otro, dirigiéndose hacia la entrada de la escuela, con el motivo de guardar sus útiles escolares y finalmente poder ser "libres". Mientras iban sobre la marcha, cotorreaban como si no se hubieran visto en años.

—¿Quién carajos es "Emyelis23"?

Cuestionó Ryan a raíz de un tema que había surgido después de que Andrey le informara —aunque no era de su interés saber— que una influencer de redes sociales iba a visitar su grandiosa ciudad. No hubiera insistido con el tema, pero él escuchaba a muchas personas hablar sobre dicho personaje.

—¡¿Cómo que no sabes quién es?! —Andrey se agarró de la cabeza como si estuviera a punto de desmayarse ante la ignorancia de Ryan—. Tú debes estar viviendo bajo una roca. ¡Es Emyelis23! ¡Tiene millones de seguidores! ¡Es la influencer más pegada de la plataforma de streaming VeRpeT! Es una genio... Incomparable, una diosa. Su carisma es singular. Tú eres una roca en comparación.

—Pues no lo sé, no vivo pegado a una pantalla todo el día —dijo Ryan con tono sugerente.

—Oye, yo tampoco lo hago, pero hay que ser un inadaptado a las tendencias para no conocerla —hizo una pausa mientras en sus labios se dibujaba una sonrisa maliciosa—. Además... Es una modelo para adultos. Diez dólares la suscripción a su canal, si sabes a lo que me refiero.

Ryan miró con cara de pocos amigos cómo Andrey buscaba despertarle el interés de una u otra manera.

—Y supongo que tú lo consumes, ¿verdad? —aprovechó esa oportunidad para burlarse un poco—. Qué tipo de miserable ser humano tienes que ser para pagar diez dólares al mes solo para ver el píxel de una mujer a través de una pantalla. Te imaginaba mejor que esto.

—Vaya que eres directo, ¿eh? —Andrey sonrió amargamente.

—Pues claro que soy directo, y vaya que me encanta. Me encanta no tener pelos en la lengua que me impidan decirle lo que pienso a personas estúpidas como tú, mi querido amigo.

—Oye, oye, oye, más respeto con el fan número uno. Después de todo, gracias a nuestras donaciones, Emyelis23 puede darse la vida de lujos que tanto merece.

—Lo digo en serio. A veces creo que tu idiotez no puede impresionarme más y terminas batiendo un récord —Ryan suspiró con fuerza mientras negaba con la cabeza—. A ver, tampoco puedo esperar mucho de un miserable animal con tan poca dignidad que terminó perdonando una infidelidad a su novia.

—¡Oye! Ya no lo hará, me dijo que ya no lo haría.

—Sí, claro. Si yo te dijera que puedo volar, seguramente me creerías.

—Bueno, me importa poco tu opinión. Después de todo, solo la perdoné por estas —hizo un gesto con las manos sobre su pecho, como si estuviera tocando senos invisibles.

—Eres lo peor.

Mientras pasaban por uno de los salones, un grupo de estudiantes que estaba asomándose por las ventanas que daban al pasillo lo señalaron entre risas. Ese acto puso rojo a Ryan.

—Ay, mira quién es popular. Lástima que sea solo porque le dijiste "mamá" a la profesora.

—Cállate.

Finalmente llegaron a la entrada de la escuela, en donde estaban ordenados los casilleros en pasillos. Lo único favorable de los horarios extracurriculares es que casi todos los estudiantes tenían que seguir con sus actividades dentro del plantel, y así la entrada concurrida de la escuela estaba menos congestionada en la hora de salida, a excepción de algunos estudiantes que no tenían clubes.

Luego de guardar los artículos en sus casilleros y sacar sus zapatos de uso particular, ambos salieron de la escuela. Ryan estaba listo para salir corriendo a su casa, pero justo afuera fueron interceptados por un grupo de seis personas.

No era difícil de reconocerlos. Esas caras de pocos amigos que destilaban una actitud engreída, cuerpos exageradamente adornados, ya sea con piercing o alguna otra extravagancia que definitivamente no deberían estar utilizando dentro del plantel por las respectivas normas de vestimenta. Y esa actitud casi rebelde, como la de un espíritu salvaje y aventurero, muy aventurero para su propio bien.

Se podría decir que eran más parecidos a delincuentes, pero Ryan tenía la desdicha de decir que ya había convivido con ellos antes. Eran el grupo problemático de Andrey; inclusive ahí pudo observar a la retorcida novia de su "amigo", una chica frívola en todos los sentidos, y con carente autoestima propia, era el tipo de persona que subía un montón de foto a redes solo para ser adulada; y al parecer no poseía una personalidad fuera de estás mismas. Por eso siempre estaba con un teléfono móvil en la mano tomándose fotos junto a todo, por exagerado que suene.

Eran las contras de juntarse con alguien como Andrey, a quien Yumico había tachado múltiples veces como mala influencia frente a los padres de Ryan.

—¿Qué es esto? —preguntó Ryan sin ninguna pizca de sorpresa en su voz.

El grupo se quedó a una distancia prudente y le hicieron señas a Andrey para que se apresurara. Uno de ellos, un chico bastante alto y con aspecto intimidante, le insistió: —"Vamos, Andrey, antes de que oscurezca".

Andrey miró a Ryan y sonrió de manera despreocupada.

—Cálmate, solo vamos a un karaoke. No es como que fuéramos a vandalizar algo, eso ya lo hicimos ayer —puso las manos en las caderas y su expresión se volvió orgullosa—. Y tú vendrás con nosotros.

—Por supuesto que no. Que me caigas relativamente bien no significa que suceda lo mismo con tu grupo.

—Oye, vamos. Mira hacia ahí —señaló al grupo, más precisamente a las mujeres que estaban ahí—. ¿Ves a esas linduras? Te vendría de maravillas tener una cita de vez en cuando. Además, nosotros pagaremos todo.

No podía negar que la oferta era tentadora, pero solo pensar en aceptar hacía que las palabras de Yumico regresaran a su mente como un torrente de palabras tortuosas.

Pero también tenía en cuenta que después de lo de Jesse y la trifulca que culminó en su abandono del equipo de atletismo, le vendría

bien relajarse con otras personas que no fueran esa chica. Pero no era tan fácil sacársela de la cabeza.

Dio un profundo suspiro. Sería la última vez, se lo había prometido. Asintió con la cabeza.

«Iré con ustedes».

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