El grupo de adolescentes entró al vestíbulo cruzando las puertas corredizas automáticas; al instante quedaron admirados por la elegancia simple del lugar.
La habitación era de un blanco austero, adornada por grandes letras en dorado intrincadas en las paredes. Pero, contrastando con la simpleza de la habitación, del techo colgaban flecos de un color rojo intenso, bordeando en círculos un candelabro gigante de cristales amarillos, el cual tintineaba levemente.
En el centro, una recepción de estilo minimalista, con una barra hecha de cristal reflectante.
Al acercarse a la recepción, la mujer detrás de ella los recibió con una sonrisa servicial.
—Buenas noches, bienvenidos a Oasis. ¿En qué les podemos servir? —su mirada se desplazó hacia el ordenador—. ¿Ya tienen reservación pendiente, o...?
Andrey puso sobre la mesa un recibo con un golpe sordo, no demasiado fuerte como para agrietar la superficie de cristal.
—Ya tenemos una reservación.
La mujer asintió y tomó el recibo. Lo revisó detenidamente y luego su mirada volvió a desplazarse hacia el ordenador para confirmar la reservación. Después de unos minutos asintió.
Se encogió en su silla mientras rebuscaba algo debajo de su escritorio; al recomponerse, dejó sobre el cristal dos tarjetas de color platino con los símbolos D4 y F3 grabados en el plástico.
—Sus dos reservaciones ya están listas. ¿Se les ofrece alguna otra cosa, chicos?
Andrey solo negó con la cabeza y cogió las tarjetas: —No, con esto basta. Gracias.
La mujer asintió nuevamente esbozando otra sonrisa complaciente y les señaló con el dedo la puerta que los llevaría hacia su habitación reservada.
Mientras se dirigían hacia dicha entrada, Ryan tomó a Andrey del hombro para preguntarle sobre las reservaciones.
«¿Por qué dos?».
Andrey simplemente se encogió de hombros con una sonrisa falsa dibujándose en sus labios y defendió su postura con un: —Cosas del destino.
Daemon, quien estaba justo detrás de ellos siguiéndoles, acompañando a las chicas como si fuera un fiel perro guardián y que había estado escuchándolos, solo reía despreocupadamente.
Ambos personajes dejaron a Ryan lleno de dudas y preguntas en su boca que no se atrevió a revelar, previendo más respuestas evasivas.
Luego de cruzar el umbral de la puerta, se encontraron con un largo y estrecho pasillo, casi a oscuras, a no ser por las lámparas de suelo que dibujaban vagas sombras luminosas en las paredes.
En el pasillo, el sonido de sus pasos se desvanecía debido al suelo alfombrado.
El trayecto a la habitación privada de karaoke parecía casi infinito, con el angosto corredor dando esa sensación de estar caminando en un limbo vacío, sin tener percepción de la dirección, más allá de la línea de lámparas que indican el trayecto a seguir. Era esa misma entrada oscura que se percibía al entrar en una sala de cine, la misma atmósfera y la misma intención de sumergirte en la ambigüedad entrañable de no saber qué estás pisando realmente.
De pronto, un suave tacto en su brazo derecho, seguido de un firme jalón casi posesivo, lo sacó de su mente. Sintió un susurro cálido en su oído, con un tono juguetón que le erizaba la piel.
—Entonces tú debes ser Ryan.
—¿Riadumi? —preguntó Ryan.
Aquella voz soltó una suave y divertida risita, mientras el tono se volvía cada vez más meloso hasta el punto de incomodar.
—No, no, no, adivina de nuevo.
Su brazo era firmemente aplastado contra una superficie blanda, sin intenciones de dejarlo ir.
Se alejó un poco para lograr discernir la identidad de esta apegada persona. Por instantes, su rostro se llenó de miedo: era la misma chica de quien le había hablado Riadumi, esa misma que era "tímida".
Se apartó lo suficiente como para alejar su brazo de lo que fuera que lo estuviera aplastando firmemente.
—Hay mejores formas de acercarse a las personas, ¿sabes? —respondió Ryan con disgusto.
Ella hizo un frustrado mohín cuando Ryan se apartó.
—No te pongas así, pensé que te gustaría, después de todo a los chicos les encantan este tipo de cosas.
—Generalizas al pensar que a todos nos encantan estas cosas —negó con la cabeza disgustado—. Si quieres charlar, acércate como toda persona normal, y no como una p-
Ella solo negó con la cabeza, ahora más disgustada que frustrada, y se alejó un poco de Ryan con fuertes pasos, como si buscara romper el suelo.
—Vaya idiota...
Le replicó Andrey a sus espaldas.
—Tú cállate. Solo estoy siendo coherente, no me culpes.
—Pues amarra tu lengua, amigo. No puedes insultar a las chicas que se acercan a ti de esa manera y actuar como si fuera lo más racional del mundo.
Por un momento... Ryan se quedó con las palabras en la boca.
Esta vez Andrey se quedaba con el punto, aunque odiaba admitirlo, después de todo siempre se jactaba de ser el más sensato de los dos.
Andrey solo se quedó observando cómo la chica seguía alejándose con decepción, y dijo:
—Bueno, ahí va nuestra última oportunidad.
Ryan escuchó desde sus espaldas el tono reprochante y, con el ego más tocado, comenzó a crujir los dientes molesto. No entendía qué estaba pasando, pero tampoco se iba a dejar humillar por esa bola de idiotas.
Se detuvo en seco y se giró hacia Andrey. Luego extendió su mano con la palma abierta y dijo:
«Dame una tira elástica».
—¿Qué planeas, psicópata?
—Tú solo observa —insistió.
Andrey liberó un gran suspiro exasperante y sacó de su bolsillo izquierdo una bola de tiras elásticas que, por alguna razón, guardaba como si fuera una pelota rebotante.
Desató una y se la extendió.
—Diviértete.
Ryan tomó la tira y la colocó en su boca para sujetarla mientras se estiraba el cabello hacia atrás. Sujetó firmemente su cabello y luego tomó la tira para atársela, formando una cola de caballo con su pelo.
Respiró profundamente. Y, con renovada confianza, recuperó su actitud. Luego caminó con firmeza detrás de aquella chica hasta que finalmente la alcanzó.
—Hola.
—¿Qué quieres? —respondió ella con evasivas mientras se cruzaba de brazos.
No iba a ser fácil de tratar, pero Ryan tenía un plan en mente.
—Solo quería disculparme. Me comporté como un idiota ahí atrás —hizo una breve pausa antes de continuar—. Me tomaste por sorpresa, ya que estaba pensando en mi hermano.
Lo siento mucho, hermano, por utilizarte como cebo para quedar bien frente a una chica.
—¿En serio? ¿Y qué ocurre con él? —la excusa al parecer había captado su interés.
—Es que él... —se detuvo mientras tragaba saliva. Era difícil disimular que hablar de eso sí le afectaba—. Lleva un par de días desaparecido. No responde mis llamadas, quiero creer que solo me está dejando en visto.
Se aclaró la garganta como si fuera a llorar. Utilizar la pena para levantar las defensas de esa mujer y provocar lástima, táctica vieja de un perro no tan viejo.
—Awww, ¿de verdad?
Asintió con la cabeza.
—Sí. He estado un poco sensible desde entonces. Así que espero que sepas perdonar mi ofensa de hace un momento.
Esas palabras tocaron su corazón. Pero Ryan, por dentro, se estaba gritando discursos de odio a sí mismo.
De pronto ella tomó sus manos entre las suyas y se apega bastante a Ryan, sorprendiendo a este último por su audacia.
—¡Lamento mucho escuchar eso! Tal vez podamos empezar de nuevo —extendió la mano para acariciarle el cabello—. No te preocupes, te trataré bien.
Dejó sus últimas palabras suspendidas en el aire con un toque de travesura.
Andrey se mantuvo al margen observando cautelosamente; su expresión de decepción pasó a sorpresa y luego a emoción, como quien ve a un amigo triunfando en las grandes ligas, hasta que casi gritó para sus adentros: «¡Lo ha logrado!»
—¿Cómo te llamas?
—Emma. Pero mis amigos me llaman "Rish", por mi apellido.
—Espero ganarme el honor de poder llamarte Rish.
Rish esbozó una gran sonrisa. Luego se acercó para susurrarle en un tono más personal: —Seguro que te ganarás eso y mucho más.
***
Luego, entre cuatro paredes, entraron en una habitación que casi se ahogaba en oscuridad, a excepción de las luces de piso en forma de franjas que daban una iluminación tenue, creando un ambiente íntimo y agradable.
—¡Woahh!
Andrey se tiró en uno de los sillones que rodeaban la mesa en el centro de la habitación.
—¡Esto se siente increíble!
Todos tomaron asiento alrededor, hasta que finalmente llegó el turno de Ryan quien, por costumbre, siempre se sentaba junto a sus amigos. Hasta que Emma le hizo un espacio a su lado y le dio palmadas, sugiriendo tomar asiento.
Ryan volvió a mirar hacia Andrey, quien solo se encogió de hombros con una sonrisa astuta.
—Lo siento, Ry, ya nos quedamos sin espacio aquí.
***
La música pop reverberaba contra las paredes de la insonorizada sala de karaoke. Mientras Andrey cantaba y bailaba ridículamente en el centro, frente al televisor que mostraba la figura de una artista femenina que hacía lo mismo que Andrey seguía.
—Ayyy... ¡El amor es una falsa!
—Pensé que era una linda fantasía.
—¡¿Por qué no me amas más?!
—¡Ámame!
Finalizó con un grito tan agudo que incluso amenazaba con romper las copas de cristal sobre la mesa.
—Por dios, cállate —gruñó Daemon mientras se tapaba los oídos.
Todos en la habitación estaban de la misma forma: apretando los dientes y rezando para que los tímpanos no les sangraran. El canto "angelical" de Andrey no era más que un chillido cacofónico que hacía pasar por canción.
Era como escuchar a una gallina moribunda.
Ryan y Riadumi parecían ser los únicos que no se tapaban los oídos, casi como si estuvieran acostumbrados a estas aberrantes imitaciones de canto.
—No esperaba mucho y aún así me decepcionaste —dijo Ryan entre risas burlonas.
—¡Solo eres un envidioso! Adelante, maravillanos con tu talento musical.
Le extendió el micrófono a Ryan con la intención de subirlo forzosamente a la tarima a cantar. Pero Ryan se negó rotundamente a la insistencia.
—Lo siento, pero yo sí tengo dignidad para no montarme ahí y hacer el ridículo como otros.
En el fondo, Daemon estalló en carcajadas mientras le arrebataba de un tirón el micrófono a Andrey.
—¡Oye!
—Ya has cantado suficiente por hoy. Por el bien de todos nosotros te negaré el acceso al micrófono.
—Adivina qué —lo señaló de manera acusante—. Vivimos en una democracia, y si el público no quiere escuchar esta voz angelical, entonces el público decidirá. A ver... ¡Levante la mano quien quiera que me vaya!
Al parecer esperaba que no lo hicieran, porque absolutamente todos levantaron la mano al unísono. Incluso su novia, quien no parecía muy interesada en la discusión.
—No pueden hacerme esto.
—El pueblo ha elegido. Quedas vetado del karaoke por unanimidad —Daemon le señaló el asiento con una sonrisa burlona—. Ahora siéntate y cierra el pico.
—No puedo creerlo, después de todo lo que he hecho por el equipo.
Daemon no le prestó atención y en cambio colocó su bolso sobre la mesa, mientras lo revisaba con esmero, hasta que finalmente dio con algo.
—Oye, Ryan, mira esto.
—¿Eh?
Observó cómo lentamente sacaba una botella de alcohol casi transparente del bolso.
—¿Todo ese tiempo traías eso encima?
—¿Por quién me tomas? Claro que lo hice —sonrió con seguridad mientras colocaba la botella en el centro de la mesa—. Mi chica lo sacó de la reserva personal de su padre.
Señaló a la mujer de cabello corto y color amarillo que estaba sentada a su lado, con una sonrisa satisfecha de oreja a oreja.
—Ni más ni menos que un 40% de pureza en alcohol.
—Debes estar bromeando. Ninguno aquí aguantaría más de cinco tragos de esa cosa.
Daemon asintió divertido, como si fuera lo más obvio del mundo y aún así le causara gracia atentar contra su propia salud.
—¿Vamos a ver quién puede aguantar más rondas?
—No, no, esta vez paso. Es demasiado.
—Agh... Aburrido. Oye, Andrey, pensé que tu amigo era más aventurero.
—¡Olvídate de él! Apuesto a que puedo llegar a diez.
Andrey recibió un golpe en las costillas por parte de Riadumi, el cual le sacó el aire.
—Debes estar bromeando, no voy a cargarte borracho hasta tu casa.
Las risas y la agradable camaradería absorbieron por completo la atmósfera dentro de la habitación cerrada. Por un momento, incluso Ryan se arrepintió de haber llamado "vagos" en su mente a todas esas personas. Aún lo eran, pero bueno, Ryan también era un vago después de todo.
De pronto, la novia de Daemon interrumpió las risas con una pregunta directa hacia Ryan:
—Oye, ¿tú no eras ese chico que siempre seguía a Jesse hacia arriba y hacia abajo?
¿Lo reconoció? ¡¿Cómo?! Imposible, se había asegurado de sepultar esa faceta suya hace mucho tiempo atrás.
Negó rápidamente con la cabeza, y cada vez que la chica repetía que sí era él, siempre la buscaba esquivar, pero después de tanta insistencia simplemente cedió.
—Bueno... Sí, lamento decir que ese era yo.
—¡Ahí está! ¡El énfasis en el verbo pasado "era"! Eso huele a chisme —dijo Andrey con creciente interés.
La novia de Daemon se puso las manos en la boca, encantada, y dijo casi entre gritos emocionados, hasta que casi dio pequeños saltos: —¡Entonces eres tú! ¡Dios mío!
—¿Nos conocemos de algún lado? —preguntó Ryan.
—Tal vez no me reconozcas, pero también soy del club de atletismo, entrenábamos juntos —hizo una repentina pausa, mientras su tono al hablar se volvía más incómodo—. Bueno, eso era hasta que... Golpeaste a su novio y todo eso.
—¿Golpeaste a alguien, Ry? Nunca me dijiste por qué te habías alejado de tu amiga —preguntó Andrey con mucha atención.
—Y nunca te lo diré, después de todo eres demasiado chismoso.
—Vamos, tal vez solo se lo cuente a una o tres personas para asegurar la herencia de mi información —casi estalló en risas por lo absurdo de su excusa—. Bueno, lo admito, soy demasiado incauto.
Emma colocó su mano sobre la de Ryan, tal vez queriendo transmitirle su apoyo, aunque lo estaba apretando más de lo normal y su sonrisa perspicaz destellaba otras intenciones.
—Entonces... ¿Era por celos?
Ryan se alarmó sorpresivamente ante la pregunta de Emma.
—¿Qué?
—Pregunté: ¿lo golpeaste porque estabas celoso?
Ryan, receloso de la pregunta, giró la cabeza en otra dirección para finalmente poder responder.
—Hubieron muchos factores de por medio —hizo una breve pausa antes de responder con más mordacidad, como si hubieran tocado una fibra sensible—. Tampoco es como que les incumba.
Andrey casi se atraganta con esa respuesta, mientras que en Daemon se le podía notar un ligero enfado.
—Oye, cálmate, solo estamos intentando empatizar contigo.
—Ja... Claro, si intentar meterse en mis asuntos se le puede llamar "empatizar".
Después de eso, un silencio incómodo cayó sobre la habitación.
Al parecer, nadie tenía el valor de romper esa atmósfera tensa que se había construido alrededor de lo que antes fue diversión y familiaridad.
Pero finalmente Emma tomó el valor y se puso de pie para caminar hacia la salida. El crujido de la puerta rompió el silencio, y, antes de salir, miró a Ryan por encima del hombro con una mirada que insinuaba más de lo que las palabras estaban dispuestas a decir.
—Te vendría bien sacarte a Jesse de la cabeza un rato.
Dejó las palabras suspendidas en el aire de la habitación, y su figura desapareció detrás de la salida, con la puerta aún abierta, como si fuera una invitación que Ryan aún no podía comprender.
—¿Qué fue eso?
—No queríamos revelarte la sorpresa de esta forma, pero...
Andrey colocó sobre la mesa la tarjeta restante, la F3. Luego la deslizó hacia Ryan, quien parecía consternado.
—Hay una habitación esperándote.
Ryan casi se atraganta con su propia risa, pensando que todo era una broma, pero nunca hubo una broma de por medio.
Sus ojos se ensancharon a medida que las escenas se fueron conectando en su cabeza como un rompecabezas.
Finalmente entendió todo el complot en su contra.
La invitación al karaoke.
Las insinuaciones.
Y por último, la doble habitación.
Ellos lo habían organizado todo para que él y Emma...
Tal vez debería, pero no podía. ¿Tan malo era querer olvidar un rato? No podía verse a sí mismo estando con alguien más sin que su culpa le revolviera el estómago. Titubeó al respecto, y esto lo notó Andrey.
—No vayas a rechazar mi regalo ahora. ¿Sabes lo que cuesta una habitación sencilla en este lugar? —luego señaló la puerta—. Quinto piso. Diviértete.
—Eres un hijo de- —se detuvo en seco mientras aguantaba sus ganas de reírse, pareciéndole tan graciosa como absurda la idea.
Luego alzó la mirada, ahora destellando diversión donde antes solo había confrontación.
—Te debo una.
—Me debes muchas.
—Creo que te quiero besar.
—Más tarde, cariño, en privado.
Riadumi le volvió a dar otro golpe en las costillas a Andrey, haciéndolo inflar sus mejillas involuntariamente con la bocanada de aire contenida. Luego miró a Ryan como un depredador a una indefensa presa.
—Espabila, Ryan. ¡Y si dejas que mi amiga se aburra, te lo juro que-!
—Sí, señora —era desagradable mostrarle algo de respeto, pero hasta el momento no se había preocupado solo por ella como siempre—. Lo lamento, por eso de hace un momento. También me disculpo contigo, Daemon.
—No te preocupes, hombre, pero para la próxima prueba con decir: no quiero hablar al respecto.
Ryan asintió y salió de la habitación con una expresión rebosante de confianza forzada y cerró la puerta detrás de sus espaldas con un suave...
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[Nota del Autor:
Discúlpenme por no haber publicado nada últimamente (había olvidado que también publicaba aquí), usualmente subo los adelantos en otras plataformas como Royal Road, pero me pondré al día con las publicaciones en esta web también.
Sobre el capítulo, subí dos al mismo tiempo porque esta parte se puede sentir algo lenta, así que necesitaba apresurar las cosas para entrar de lleno en el capítulo 5, de ahí en adelante finalmente traeré el conflicto.
Saludos]